Certidumbre
Le tengo mucha fe a los libros. No es una metáfora. Confío en que me protejan. Los imagino alineados alrededor de la casa que algún día compraré en las afueras de una ciudad de provincia. Una ciudad que todavía no sé ubicar en el mapa. Un muro de ladrillo por fuera. Un muro de papel por dentro. Una doble defensa contra lo imprevisible.
La estantería tiene que rodear el salón. Una enredadera de libros. Quiero tener muchos libros para buscar la pregunta correcta. Porque empiezo a sospechar que en estos 34 años me he dedicado a responder preguntas equivocadas con una convicción admirable.
La novia más flamante que tuve hacía ensaladas que no tenían relación. Juntaba tofu con nueces con espinacas conmigo. Una tarde, mientras picaba cebolla, dijo:
—Podríamos juntar nuestros libros
Ella hacía ensaladas improbables y las aliñaba con cuchilladas como esa: “¿juntamos nuestros libros? ¿Nos mudamos juntos? ¿Construimos una biblioteca de lo tuyo y de lo mío? ¿Dejamos de ser dos jóvenes turistas en la vida del otro? ¿Nos hacemos lugareños? ¿Nos quedamos? ¿Te quieres quedar conmigo?”
“¿Que si quieres cebolla en tu ensalada?”, decía, en verdad.
—Ah, sí, claro que quiero.



Juntar los libros es un acto de complicidad y confianza brutal. El acto, de hecho.
Yo también aspiro a una casa así ☺️🤗