Cómo escribe David Moralejo
Una entrevista escrita
Hoy responde las 26 preguntas del cuestionario literario David Moralejo, editor de Condé Nast Traveler, mi editor. David sabe mucho de música, de viajes y de la noble e impenitente tarea de contestar correos electrónicos. El 98% de nuestras interacciones suceden en ese purgatorio llamado bandeja de entrada. Yo le escribo como si escribiera una crónica, con frases medidas, giros calculados, incluso con la ilusión de que mis propuestas -a veces súplicas- tengan cierta gracia. Él contesta. Casi siempre.
Me lo imagino respondiendo mails desde un 4x4 en el Kruger, con el agua hasta las rodillas en un fiordo noruego, o en la alfombra roja de Cannes, sin despeinarse. Y siempre con una precisión desconcertante. Como buen editor, hasta sus silencios están editados. Yo vivo con la esperanza de que un día sus mails ganen un premio y, de rebote, me publiquen a mí.
Cómo escriben los que escriben: David Moralejo
¿Cuándo escribes?
A día de hoy debería decir “nunca” y acabar de una vez incluso con este cuestionario, con esta farsa. Es que ay, escribo poco, infinitamente menos de lo que me gustaría. Escribo ya cuando puedo. Cuando me sueltan el brazo.
¿Cuánto tiempo le dedicas?
Siempre poco, siempre menos. Debo reconocer que soy rápido de reflejos y cero dubitativo cuando toca remangarse. No sé si será esto un don, pero cuando el reloj apremia supone un alivio.
¿Cómo? ¿Te pones música? ¿En silencio? ¿Puedes escribir en un bar?
Música casi siempre, aunque en silencio alcanzo mayor velocidad. Puedo escribir en un bar. Y en un concierto. Y en un barco en día revuelto. Soy periodista, he tenido que poder.
¿Dónde compras libros? ¿Una librería favorita?
En Olavide Bar de Libros, la librería de mi barrio. Me gusta hojearlos in situ, encargar el que no encuentro, dudar, llevarme más de la cuenta. Cuando viajo me fascina también comprar libros viejos en mercadillos o librerías de segunda mano. Será el mero placer de hallar.
¿Tienes una tipografía/fuente predilecta?
Esta del cuestionario que ahora relleno, la Calibri, me da buen rollo y la uso a menudo. Pero soy de la generación Times New Roman: cuando me pongo en serio me debo a ella.
¿Qué disparadores de escritura tienes? ¿Qué te pone a escribir?
Viajar, viajar lo que más. Vivir también me dispara, y cuando digo vivir me refiero a practicar lo contrario de la rutina, de la desidia.
¿Cuándo, dónde o cómo se te suelen ocurrir ideas?
No tengo eso pautado, mira tú. Intento ser tremendamente organizado para todo, así que para la escritura prefiero habitar cierto caos.
¿Como quién te gustaría escribir?
Uf. Como Umbral si solo puedo elegir uno. Como Mark Twain si puedo dos. Como Richard Yates si tres. Como Virginia Woolf. Como Chejov. Como Harper Lee. Si sigo te atasco la imprenta.
¿Qué talento -cual sea- te gustaría tener?
Cantar. Ojalá haber nacido con la voz de Morrissey. De Neil Hannon. De Elvis. De Bowie. De Mama Cass. De Matt Berninger.
¿Un poema o canción que te haga llorar?
La primera canción que me ha venido a la cabeza es All my little words, de The Magnetic Fields. Y la segunda, The Wanderer, de Nick Garrie. Con todas las del único disco (discazo) de Family lloro y sonrío a la vez. En bucle además.
¿Qué haces cuando sientes que lo que escribes no tiene sentido o valor?
Pongo una lavadora.
¿Cómo imaginas tu trabajo ideal?
El que tengo se parece bastante, mucho, al soñado. Pero quizá una bucólica casa en el norte del norte, con vistas al azul oscuro del Atlántico, alguna oveja lanuda rondando, un acantilado bien dramático, la chimenea a todo fuego, el pastel de arándanos humeante, la máquina de escribir. Eh, me ha salido una película de esas malas de después de comer. Y sin tirar de IA.
¿Qué te separa de ello?
El dinero. Soy de gustos sencillos hasta que echo cuentas.
¿Por cuánto dinero -mínimo- lo harías?
Es que es mucho, creo. Indecente.
¿Un/a periodista que leas con frecuencia? ¿Un/a escritor/a? ¿Una newsletter?
Leo a todos y todas las que escriben en Condé Nast Traveler. Es mi trabajo y un placer a la vez. Estoy muy orgulloso de las firmas que pululan por aquí porque lo sé, son las mejores. Más allá de eso, tengo la costumbre/tradición de leer cada nuevo libro de Ray Loriga. Adoro su prosa y vaya, he crecido con él. Es casa. Algo parecido me pasa con David Sedaris, no sé si llamar a esto placer culpable pero es que me hace reír. Mucho.
¿A qué medios/creadores estás suscrito? ¿Cuáles pagas?
Estoy suscrito a El País, me gusta mucho su gente de Cultura –Elsa Fernández-Santos, Gregorio Belinchón, Carlos Marcos, Raquel Peláez, Martín Bianchi, Sergio C. Fanjul…– y la verdad es que leo el periódico de arriba abajo cada mañana antes de arrancar motores. También hojeo otros digitales españoles para contrastar barbaridades (no pocas) y adoro The Financial Times: su How to Spend It es una fenomenal y enriquecedora competencia de CNT. Debo decir que disfruto mucho leyendo a mis compañeros de Vogue, GQ, AD, Vanity Fair, Glamour, The New Yorker, The World of Interiors… Tengo la suerte de trabajar en la mejor editorial del mundo, lo que me permite acceder a un universo fascinante.
¿Cuánto crees que habría que cobrar por un reportaje, una crónica, un artículo, una columna? Elige una o todas.
Creo que habría que pagar más y mejor, pero también cribar. El buen periodismo merece recompensa. El mal periodismo existe y ni falta que haría. Tengo la suerte de trabajar en una editorial que valora y cuida esta profesión y yo mismo me esfuerzo mucho para que el equipo y los colaboradores se sientan siempre recompensados. Pero qué voy a decirte yo, si soy periodista: más y más.
¿Cuánto es lo menos que te han pagado por escribir algo? ¿Y lo más?
Lo menos que me han pagado es fácil de calcular: cero. Pero ya sabes, era joven y me hacía ilusión firmar ahí. La trampa de siempre, la eterna piedra que nos impide avanzar. Lo más supongo que es lo de ahora: tener un sueldo fijo y anclaje a tierra por hacer lo que me gusta.
¿Cuál sería el título de tu autobiografía?
Ni me lo planteo.
Si tu escritura fuera un plato de comida, ¿qué sería?
Quiero creer que un reconfortante guiso de lentejas. Con un toque de curry, que se huela que estoy viajado.
Si pudieras cenar con tres escritores/as (vivos o muertos), ¿a quiénes elegirías y por qué?
A Ray no, porque ya hemos cenado así que ese sueño check. Sentaría en la mesa a Mark Twain, Agatha Christie y mi querida Isabel Navarro, una poeta que me hace temblar cada vez que la leo. Ojalá más verso suyo. Creo que lo pasaríamos bien los cuatro. A eso hemos venido, a disfrutar.
¿Qué consejo te hubiera encantado recibir cuando empezaste a escribir?
Escribe más, escribe todo el rato hasta que logres vivir de ello.
Bolas extra:
Estás en una habitación con 100 personas, ¿en qué crees que eres el mejor o el peor?
El mejor en listas de Spotify. Crecí en el grunge/indie, soy de esa generación en la que todos creíamos que sabíamos de música más que nadie. Aunque supiéramos exactamente lo mismo que los 99 de al lado. El peor en testarudo. Soy Tauro ascendente Tauro, si digo que por aquí… es que es por aquí.
Tu cielo ideal (en el sentido de vida después de la vida. ¿Cómo te gustaría vivir tu eternidad?)
Ver pregunta 12. Y juntos.
¿Qué prefieres: pelear todos los días de tu vida contra una gallina o una sola vez -no sabes cuándo- contra un gorila?
Paso de enfrentarme a un gorila. Prefiero pico-pala con la gallina: de testarudo a testaruda hasta que nos hartemos. O nos hagamos amiguitos.
¿Si estás al borde de un barranco/balcón/precipicio temes caerte o tirarte?
Temo caerme. Sufro de cierto vértigo tanto hacia arriba como hacia abajo. No me gustan las alturas, tampoco las profundidades. Ni quiero puenting ni quiero buceo. Quita.



